miércoles, 8 de octubre de 2008

Francisca y Ginés (parte II)

Cuando Ginés creció, dejó de estirar de las trenzas a la pobre chiquilla y reparó en ella de otra manera. Francisca se estaba convirtiendo en una jovencita guapa y dulce y él, que ya estaba en edad de dejar las travesuras y fijarse en el sexo femenino, se decidió a conocer mejor a esa muchacha. Al principio ella no quería ni oir hablar de él y mucho menos entablar amistad con quien le había hecho tantas perrerías de niña. Pero con el tiempo, se dio cuenta de que había cambiado y vió en él un muchacho bueno y trabajador, muy alegre. Así que decidió darle una oportunidad.
Después de unos años de novios, decidieron casarse. Fue una boda muy discreta, con los familiares más allegados. Alquilaron un piso en un céntrico barrio de Jaén para que pudieran vivir junto a la madre y la abuela de Francisca. Y muy pronto empezaron a llegar los hijos. Con pocos años de diferencia nacieron Pepe, Paco, Juanito, María y Aurora.
Para mantenerlos a todos, Ginés trabajaba como jornalero todo el día, allí donde se le necesitaba. Estaba muy bien valorado por los capataces, ya que sabía hacer bien cualquier tarea que le mandaran. Así que trabajo nunca le faltaba. Francisca, ayudada por su madre y su abuela, se ocupaba de la casa y de los 7 chiquillos. No tenían para caprichos pero sí lo suficiente para vivir dignamente y alimentar a esas criaturas. Aunque trabajaban mucho se sentían felices porque se tenían el uno al otro y porque podían sacar adelante a su familia. En España se había proclamado la Segunda República y se avecinaban tiempos mejores. Ginés había encontrado un buen trabajo en la fábrica de anís y había nacido su sexta hija, Luisa. Y aunque era una boca más para alimentar, no les importó porque las cosas iban bien. Pero las cosas en España estaban a punto de cambiar y esos cambios les marcarían para siempre, a ellos y a su familia. Malos tiempos se avecinaban.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Una bonita historia, lástima que la realidad siempre supere a la ficción. Si hubiera sido un cuento seguro que hubieras buscado un final feliz, pero aunque la realidad se imponga siempre quedará lo bello de las personas. Y es que estos dos muchachos Ginés y Francisca eran muy bellos, y de su historia siempre quedaran recuerdos entrañables.

Unknown dijo...

Hola tita!!! Ten paciencia que al principio cuesta mucho que te visiten... despues tambien. He decirte que me gusta mucho lo que escribes sobretodo lo de los abuelos!!! me gustaria que dieras un toque personal al blog, un lavado de cara a nivel de diseño, si necesitas ayuda cuenta conmigo...

Anónimo dijo...

Pues sí, si me ayudas con el diseño te lo agradeceré mucho porque tengo muchas ideas para poner pero no sé como empezar. Un día voy a tu casa o vienes a la mia y lo hablamos. Os agradezco mucho vuestros comentarios, me animan a seguir.

Patricia Ostos dijo...

Hola! Ahora yo también formo parte de esto, mi blog es más bien cutre pero me hace ilusión tener mis cositas recopiladas. Seguro que te gustará verlas.
Yo, de vez en cuando me paseo por aquí, aunque no comente nada me gusta leer lo que escribes.

Sisa dijo...

Gracias Patri wapa!! Ahora mismo voy a ver tu blog, que seguro que me encanta. Gracias por leerme. Intentaré escribir más a menudo.

Anónimo dijo...

Que la siga que lo siga!!!!!!!!!!